Jardín Bíblico

El “Jardín Bíblico” es un espacio verde dentro del predio del Hogar Santa Teresa, en el que se reproducirán en su mayoría todas las especies arbóreas que figuran en la Sagrada Escritura.

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Jardín Bíblico

El jardín tiene un lugar preponderante en las Escrituras puesto que está íntimamente ligado con la totalidad de la historia de la Salvación. Es la escena de la creación, la caída y la redención de la raza humana. Cuando Dios creó al hombre, la culminación de su actividad creativa, fue en el jardín que eligió establecerlo (Gen. 2,8-15).

El tema del jardín surge a través de la Biblia, a veces en el sentido literal, otras en el sentido figurativo. La reflexión sobre el jardín en ambos enfoques pueden enriquecer nuestra apreciación de su significado y tal vez, darnos una percepción del rol que el jardín representa en la creación de Dios por lo tanto en nuestras vidas.

La palabra hebrea para jardín “gan” proviene del verbo “ganan” que significa crear, proteger, defender. De tal modo que un jardín era generalmente un lugar rodeado por una pared o cerco y de tal modo protegido y apartado para los propietarios. Los reyes generalmente tenían jardines alrededor de sus palacios y el jardín real es mencionado en un sin fin de lugares. (Esther 1,5-2; Reyes 25,4; Eclesiastés 2,5)

El jardín se presenta eminentemente en el Canto de Salomón donde es usado en ambos sentidos: literal y figurativo (Canto 6,2 y 5,1). La gente pudiente también tenía jardines. Esos generalmente incluían alguna forma de irrigación. Eran esencialmente útiles, siendo plantados con árboles para dar sombra y frutas, así como con hierbas y verduras, más bien que para exhibir la belleza de flores y arbustos en la forma en que pensamos los jardines de hoy. La primera mención de un jardín surge en el 2º capítulo del Génesis y es el lugar elegido por Dios para nuestros primeros progenitores.

“Yavé Dios puso al hombre en el jardín del Edén para cultivarlo y labrarlo”. (Génesis 2,15)

Este jardín tenía todo para hacer de él un lugar de belleza y perfecta felicidad. Bien irrigada por cuatro arroyos y plantado con árboles y arbustos para dar alimento y sombra. Para Adán, cuidarlo era una experiencia gratificante y enriquecedora. Lo más importante de todo era el lugar de encuentro con Dios (Gen 3,8). El último castigo para ellos, después de su caída, fue la expulsión de este lugar de encanto. Posteriormente, el Jardín del Edén llegó a ser el símbolo del lugar perfecto para asentarse y cultivar.

La imaginería del jardín es frecuentemente usada por los profetas del Antiguo Testamento. La prosperidad, por otro lado, del jardín es un índice del estado del país en su totalidad. Remontándonos al libro de números, el profeta Baham describe las bendiciones de Israel de éste modo:

“Que bellos tus tabernáculos, Israel como jardines a lo largo de un río” (Núm 24,6).

Los profetas posteriores usaron el tema del jardín como símbolo tanto de la destrucción del Israel como su restauración el mantener un jardín prolífico es señal del la prosperidad no solamente para el individuo sino para todo el país. (ver Is. 28,29; Amos 4,9). Con la promesa de la restauración de Israel y su subsiguiente prosperidad, el jardín será devuelta a su anterior gloria (Is. 51,3); (Ezequiel 36,35). El jardín es también una señal de permanencia de estar establecido. Cuando la gente de Israel fueron exiliados de sus tierras, Jeremías usó el lenguaje de jardín para prevenirlos de que regreso no sería pronto (Jeremías 29,5).

Ambos libros proféticos y de Sabiduría usan el tema de jardín en el sentido figurativo. Israel misma es comparada con el jardín de Dios y su destino total es visto en términos de éste jardín.

“Eras es sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de belleza. Habitabas en el Edén, el jardín de Dios” (Ezequiel 28,12).

Pero su infidelidad es tal que ella será “como un jardín sin agua”. El Canto de Salomón de un paso más aún. La esposa misma es el jardín cercado, está apartado para ser la posesión del Amado (Cant. 4,16; 5,1) y la singularidad de su amor está descripta en términos de la variedad de plantas que crecen en el jardín privilegiado.

El Jardín como el lugar de encuentro con Dios

Éste tema se extiende en toda la Biblia. El primer encuentro entre el hombre y Dios ocurre en un jardín. Adán y Eva y sus descendientes fueron creados para vivir en un lugar de armonía y belleza, en amistad con Dios, viéndolo y conversando con Él. El Canto de Salomón vuelve a la idea del jardín como el lugar de extrema alegría, el lugar del encuentro con el Amado. Es el jardín que la esposa invita al Amado para celebrar su mutuo amor.

En el Nuevo Testamento Jesús va al Jardín para estar solo con su Padre cuando está en Jerusalén y San Juan sugiere que Getsemaní era la querencia de Jesús y sus discípulos. Es aquí, en el silencio del jardín, en el fresco del atardecer, que Él enfrenta en oración la prueba de su Pasión venidera, y es aquí donde Él es fortalecido para lo que vendrá. Después de la Resurrección, es en un jardín que Maria Magdalena se encuentra con su amado Señor y recibe la misión de llevar las buenas nuevas a los apóstoles.

Últimas esculturas adquiridas en agosto 2012:

Escultura de María Magdalena

Escultura del soldado Romano

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