El Papa Francisco

Las palabras son inadecuadas para describir nuestra gran alegría ante la rápida elección de nuestro Cardenal Argentino de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio S.J., cómo Obispo de Roma.

Él, siendo el primer argentino y sud-americano a ser electo Papa, me ha hecho perder el sueño varias noches por estar tan alegre y pleno de felicidad. El otro día, en la calle de Oberá, me encontré con un argentino- musulmán, quien me manifestó su alegría y encanto por la designación. Y su reacción es típica de la mayoría de los argentinos. Es un gran estímulo para la moral del país, similar al ganar la copa mundial. También me he reunido con un amigo judío en Buenos Aires y sus sentimientos fueron iguales, me contó que el Papa es un amigo del Rabino y a quien solemnizó su matrimonio. El nombre del Rabino es Abraham Skorka.

El rabino hacia programas religiosos en la televisión con el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy en dia el Papa Francisco.

Algunos días después de la elección de Francisco, el rabino se encontraba caminando por las calles de Buenos Aires, cuando sonó su celular y recibió una sorpresa enorme porque era el Papa Francisco quien lo estaba llamando, entonces el Papa le informó que lo habían “agarrado” en Roma y le pidió disculpas porque no podrían continuar con los programas religiosos en la televisión. El Papa le pidió para que anotase su nuevo número celular y Abraham descubrió que no llevaba consigo ni papel ni lápiz, entonces haciendo señas con las manos paró a un auto, dijo al conductor que estaba hablando con el Papa, el chofer del auto no le creyó y se sonrió, pero le favoreció un trozo de papel y una birome.

Al reflexionar, mi alegría es aún mayor por haber sido elegido una gran persona para conducir la Iglesia Universal. Los Cardenales no solo eligieron un Papa, sino a una persona quien trae a Dios al recinto; uno nota su abrumadora concentración al rezar o celebrar la Misa. Donde el Papa Francisco está, de un modo inusual, inspirar una gran conciencia de la realidad y la presencia de Dios. No es un santo de yeso y no tiene temor cuando surge la necesidad de ser profético – una cualidad muy necesaria durante sus años como arzobispo de Buenos Aires. Fue un Obispo quien criticó severamente algunas veces en una forma constructiva a las políticas sociales del Estado. Su gran corazón lo motivaba a hacer todo lo posible para mejorar las condiciones para aquellos que no podían ni con el sudor de sus frentes, procurar para ellos y sus hijos comida y albergue. No solo habló en nombre de los pobres y marginados pero frecuentemente llamó la atención a la creciente proliferación de villas miseria donde la gente vive en condiciones infrahumanas. Regularmente visitaba estas áreas en Buenos Aires. El Papa Francisco está profundamente comprometido con el servicio de la Iglesia para otorgarles voz a los pobres. Fue, durante su estadía en Buenos Aires, un frecuente visitante a los Centros de Rehabilitación de drogadictos y sidosos, así también visitando las cárceles.

Lo que me conmovió en estos días fue como recibió en una de las primeras audiencias a la presidenta Kirchner, quién había rehusado otorgarle a él una audiencia más de diez veces, cuando era arzobispo de Buenos Aires.

El Papa Francisco fue una figura influyente en la iglesia latina de Sud- América. También tuvo un gran impacto en la vida de innumerable gente, ya que la vida de muchos individuos a quienes las adicciones conmovieron, pueden testimoniar. Es un hombre que irradia esperanza. Es difícil de imaginar ó escribir a un hombre más genuinamente modesto y humilde. No obstante, es intransigente con la enseñanza del Evangelio.

El Papa Francisco es el primer Papa jesuita de la historia de la Iglesia Católica y aquí, en el noreste de la Argentina hay numerosas ruinas de las famosas “Reducciones” de los siglos diecisiete y dieciocho. Aquellos que vieron la película “La Misión”, recordarán que las Reducciones fueron asentamientos experimentales montados por los jesuitas tanto para evangelizar el pueblo Guaraní como para protegerlos de la violencia y de la codicia de los habitantes de las ciudades europeas. Esta es parte de la tradición del Papa Francisco.

Todos nosotros, en nuestros hogares, le deseamos “Ad multus annos” en su servicio a la Iglesia Universal.

P. Liam Hayes SVD


Deja un comentario